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1900-1940

NODO producido para el acto

Agradecimientos: FEDAC Y Filmoteca Canaria

Transcripción íntegra del vídeo

Comenzamos  los noticiarios y documentales para todos los españoles. 

Reflejo de la vida  que retorna a la actividad,  vuelve la bondadosa rutina diaria. Todos seguimos trabajando, las profesiones no paran. De igual modo, la actividad en los Colegios de Médicos de toda España,  como por  ejemplo en las canarias,  en  la provincia de Las Palmas. Su flamante presidente  es D. Manuel  González  Jaraba. La historia de este magnífico organismo colegial se retorna el 15 de noviembre del año 1900. Por orden ministerial se creó el Colegio de Médicos de  las Canarias  Orientales. Aunque  entonces sólo había una provincia canaria, se  podría erigir uno en todas aquellas  poblaciones con más  de  catorce mil habitantes, la capital superaba esa exigencia,  contaba entonces con  34.000 habitantes.

El nacimiento del Colegio respondió a la sed mayúscula de asociacionismo que padecían los doctores en el amanecer del siglo XX.

Tras realizar un censo pormenorizado de los médicos existentes en los tres distritos sanitarios, en Las Palmas, Guía y Arrecife, el 4 de julio de 1901 se elegiría la definitiva junta directiva del Colegio de las Canarias Orientales, siendo su primer presidente el ilustre Dr. D. Antonio Jiménez Suárez.

Fue una institución avanzada para la época, adelantándose más de 20 años a la división provincial que aconteció en 1927 y fue muy celebrada por sus Conciudadanos. Los inicios de este colegio profesional fueron humildes pero nobles. Los médicos ostentan la profesión encargada de curar y velar por nuestra salud y la de nuestros enfermos.

Un salón de la majestuosa casa consistorial en la plaza de Santa Ana, frente a la Santísima Catedral, servía de punto de reunión para los cerca de 40 médicos registrados entonces.

La Institución, siempre a la vanguardia, contó con los más ilustres médicos en Gran Canaria y en las islas de Fuerteventura y Lanzarote. Fue un lugar de encuentro de las privilegiadas mentes intelectuales más importantes de la época, como los lectores Gregorio Chil y Naranjo, Tomás Morales, José Ninot, de Lanzarote, Luis Millares Cubas o Andrés Navarro Torrents.

Pero, en 1903, tras el fallecimiento del presidente colegial, el Dr. D. Antonio Jiménez, la actividad de la Institución fue poco a poco desvaneciéndose, hasta que cayó en el olvido y permaneció dormida durante varios años.

En 1910, volvieron a oírse nuevamente voces para reunir a los médicos y se convocó a una asamblea general en los salones del edificio del Ayuntamiento de la capital con una idea totalmente refundacional. Pero nuevamente, la situación económica, los aconteceres del país y la precariedad de los médicos para cubrir las mínimas necesidades diarias, desvió la atención y la preocupación por la Institución.

El Colegio languideció hasta quedar en el absoluto letargo, cediendo sus competencias a los ilustres subdelegados de sanidad. Quedó inerte hasta mediados de la segunda década del siglo XX.

Estos inicios institucionales, bien parecidos al cauce del Guadiana, ha confundido a cronistas y estudiosos de las efemérides y lo hará seguramente en el futuro, ya que ha tenido hasta tres fechas de comienzo.

Nuevamente, y gracias a la presencia de médicos de elevada talla moral, intelectual y política como Bernardino Valle o Bosch Millares, entre otros, y empujados por los reclamos de la población para ordenar la profesión médica fueron determinantes para el resurgimiento de la Institución.

En 1923, se celebró una reunión para la creación de una junta de gobierno con la intención de establecer el Colegio de Médicos de forma ya definitiva en las islas orientales. En abril del año siguiente, en 1924, se constituyó nuevamente.

Lo primero que hizo la resurgida Institución fue establecer la sede en el número 13 de la plaza Santa Ana. El segundo paso fue crear un órgano directivo con el ilustre y muy respetado Dr. D. Rafael González Hernández a la cabeza. Y tercero, la lucha contra el intrusismo se convirtió en otro de los objetivos importantes en la agenda de esta nueva Junta Directiva.

Muchos médicos canarios habían estudiado en facultades de gran prestigio como Montpellier, en Francia, y regresaron para trabajar en su tierra. Los años 30 fueron una época de considerable dinamismo intelectual.

La inestabilidad provocada por las circunstancias políticas y la muy avanzada edad del presidente del Colegio, fueron aspectos suficientes para su dimisión el 22 de diciembre de 1936.

El sustituto fue D. Manuel González Jaraba, que ha gestionado un Colegio paralizado por la contienda.

Ahora la preocupación de los médicos es superar la multiplicación de enfermedades como el tifus y la tuberculosis. Además, con su ayuda, se posibilita la mejora de la calidad de la asistencia sanitaria ante las profundas carencias en recursos y medicinas. Como siempre, los médicos estarán ahí, seguirán velando por salvar nuestras vidas.


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